Ansiedad: ¿por qué cuanto más intentas controlarla, más fuerza parece tener?
¿Sientes que cuanto más intentas controlar la ansiedad, más intensa parece volverse?
Descubre por qué ocurre este círculo y cómo entenderlo desde la Terapia Breve Estratégica.

La ansiedad no llegó de un día para otro
Hay personas que recuerdan perfectamente el día en que sintieron ansiedad por primera vez. Ocurrió mientras conducían, en un supermercado, durante una reunión de trabajo o simplemente caminando por la calle. Otras, sin embargo, no son capaces de señalar un momento concreto. Lo único que saben es que, poco a poco, comenzaron a vivir con una sensación constante de alerta.
Al principio parecía algo puntual. Un episodio aislado que desaparecería con el tiempo. Sin embargo, los días pasaban y la preocupación empezaba a ocupar cada vez más espacio. Lo que antes era una experiencia ocasional terminó convirtiéndose en una compañera incómoda que aparecía cuando menos la esperaban.
Si te sientes identificado con esta situación, probablemente también hayas pensado alguna vez:
- ¿Qué me está pasando?
- ¿Por qué antes podía hacer una vida normal y ahora todo parece costarme tanto?
- ¿Por qué cuanto más intento tranquilizarme, peor me encuentro?"
Estas preguntas son mucho más frecuentes de lo que imaginas. Sin embargo, muchas de las respuestas que encontramos en internet siguen un esquema parecido: describen los síntomas, enumeran posibles causas y ofrecen consejos para relajarse.
Aunque toda esa información puede ser útil, a menudo deja una sensación de vacío. La persona entiende qué es la ansiedad, pero sigue sin comprender por qué continúa atrapada en ella.
Y ahí es donde comienza la diferencia.
Porque, en muchas ocasiones, el problema no es la ansiedad en sí, sino el círculo que se construye alrededor de ella sin que apenas nos demos cuenta.
La ansiedad no es tu enemiga
Cuando escuchamos la palabra ansiedad solemos imaginar algo negativo. Pensamos en miedo, taquicardia, sensación de ahogo, mareos o preocupación constante. Es lógico. Son experiencias muy desagradables y nadie desea vivirlas.
Pero la ansiedad, por sí misma, no nació para hacernos daño.
En realidad, es uno de los mecanismos de protección más sofisticados que posee el ser humano. Gracias a ella reaccionamos rápidamente ante un peligro, prestamos más atención cuando algo importante está ocurriendo y somos capaces de responder con rapidez en situaciones que requieren una actuación inmediata.
Si un coche se acerca a gran velocidad mientras cruzas la calle, sentir ansiedad durante unos segundos puede salvarte la vida.
Si tienes que realizar un examen importante o una entrevista de trabajo, un cierto nivel de activación también puede ayudarte a concentrarte y rendir mejor.
Desde este punto de vista, la ansiedad no es un fallo del organismo. Es una respuesta completamente normal.
Entonces, ¿por qué puede llegar a convertirse en un problema tan incapacitante?
La respuesta no suele encontrarse únicamente en la intensidad de los síntomas. Muchas personas experimentan taquicardia, tensión muscular o nerviosismo de forma puntual y continúan con su vida sin grandes dificultades.
Lo que suele marcar la diferencia es la relación que empezamos a establecer con esas sensaciones.
El día que empezaste a tener miedo de la propia ansiedad
Imagina que un día notas un fuerte mareo mientras haces la compra. El corazón comienza a latir con rapidez, te cuesta respirar y sientes que necesitas salir inmediatamente del supermercado.
La situación termina pasando, pero algo cambia.
La próxima vez que vuelves a comprar, recuerdas automáticamente aquella experiencia. Sin darte cuenta, empiezas a observar tu cuerpo para comprobar si vuelven los mismos síntomas.
- Te preguntas si el corazón late demasiado deprisa.
- Si notas un ligero calor, piensas que quizá todo esté empezando otra vez.
- Si respiras de forma diferente, te preguntas si será el inicio de una nueva crisis.
Y es precisamente ahí donde muchas personas comienzan a quedar atrapadas.
Ya no solo tienen miedo a una situación concreta.
Empiezan a tener miedo de volver a sentir ansiedad.
Ese cambio parece pequeño, pero transforma completamente la experiencia.
Porque el peligro deja de estar fuera y comienza a estar dentro de uno mismo.
A partir de ese momento, cualquier sensación física puede interpretarse como una señal de alarma.
Y cuando el propio cuerpo se convierte en aquello de lo que intentamos protegernos, vivir con tranquilidad resulta cada vez más complicado.
El verdadero problema rara vez empieza con la ansiedad
Una de las ideas más importantes que quiero transmitirte en este artículo es esta:
- La ansiedad no suele mantenerse únicamente por lo que ocurrió el primer día.
En muchas ocasiones, el episodio inicial hace tiempo que terminó, pero lo que continúa alimentando el problema son una serie de estrategias completamente comprensibles que ponemos en marcha para intentar recuperar la tranquilidad.
- Buscamos sentirnos seguros antes de salir de casa.
- Necesitamos comprobar continuamente cómo se encuentra nuestro cuerpo.
- Evitamos determinados lugares.
- Pedimos constantemente que alguien nos tranquilice.
- Buscamos respuestas en Internet.
- Intentamos controlar la respiración.
- Nos esforzamos por dejar de pensar en la ansiedad.
Todas estas reacciones tienen algo en común.
Parecen lógicas.
Y precisamente por eso resulta tan difícil comprender que, sin querer, pueden terminar manteniendo el problema.
En los próximos apartados veremos por qué ocurre esta paradoja y cómo entender la ansiedad desde una perspectiva diferente puede cambiar por completo la forma de afrontarla.
El círculo invisible que hace que la ansiedad gane cada vez más terreno
Existe una pregunta que muchas personas se hacen cuando llegan a consulta:
"Si ya sé que la ansiedad no es peligrosa... ¿por qué sigo sintiéndola?"
Es una duda completamente comprensible. Después de leer libros, buscar información en Internet o incluso acudir al médico, muchas personas llegan a entender racionalmente que una crisis de ansiedad no va a provocar un infarto, que no van a perder el control ni a volverse locas. Sin embargo, ese conocimiento no siempre cambia cómo se sienten.
Y eso ocurre porque la ansiedad rara vez se mantiene por falta de información.
Lo que suele mantenerla es un círculo mucho más sutil que se construye poco a poco y que termina condicionando la forma en la que vivimos nuestro día a día.
Imagina que una persona siente una fuerte ansiedad mientras conduce. A partir de ese momento, cada vez que vuelve a coger el coche aparece una pregunta automática:
"¿Y si vuelve a pasar?"
Esa pregunta hace que empiece a observar su cuerpo con mucha más atención. Nota el corazón, la respiración, la tensión de los músculos o cualquier pequeño cambio físico que antes habría pasado completamente desapercibido.
Y cuanto más observa su cuerpo, más sensaciones encuentra.
No porque antes no existieran, sino porque ahora toda su atención está dirigida hacia ellas.
Es parecido a cuando compras un coche de un determinado color y, de repente, parece que ese mismo modelo está por todas partes. Los coches siempre estuvieron ahí, pero ahora tu cerebro los detecta con mucha más facilidad.
Con la ansiedad sucede exactamente lo mismo, cuando aprendemos a vigilar continuamente nuestro cuerpo, empezamos a descubrir sensaciones que antes formaban parte del funcionamiento normal del organismo y que nunca habíamos considerado importantes.
Entonces aparece el siguiente paso:
- Interpretamos esas sensaciones como una señal de que la ansiedad está regresando.
- Ese pensamiento aumenta todavía más la activación del organismo.
- Cuanta más ansiedad sentimos, más nos vigilamos.Y cuanto más nos vigilamos, más ansiedad terminamos sintiendo.
El resultado es un círculo perfecto.
El problema no es tener ansiedad, el problema es empezar a organizar la vida alrededor de ella.
Al principio, las pequeñas adaptaciones parecen incluso inteligentes.
- Hoy no voy al supermercado porque estoy muy nervioso/a.
- Prefiero no conducir solo/a.
- Esperaré a sentirme mejor antes de salir.
- Si viene alguien conmigo, estaré más tranquilo/a.
Cada una de estas decisiones produce un alivio inmediato y precisamente ahí está la trampa. El cerebro aprende que evitar esa situación ha sido la razón por la que el peligro ha desaparecido, no sabe que probablemente no habría ocurrido nada.
Solo aprende una asociación muy sencilla:
"He evitado la situación y me he sentido mejor."
La próxima vez hará exactamente lo mismo.
Y la siguiente también.
Hasta que, sin darse cuenta, la persona empieza a construir una vida cada vez más pequeña, no porque quiera, sino porque intenta protegerse.
Cuando la tranquilidad se convierte en una obligación
Otra de las paradojas más frecuentes aparece cuando la persona empieza a pensar que solo podrá hacer una vida normal el día que deje de sentir ansiedad.
Es una idea muy lógica.
- Cuando vuelva a encontrarme bien, volveré a viajar.
- Cuando deje de ponerme nervioso, volveré a conducir.
- Cuando desaparezcan estas sensaciones, recuperaré mi vida.
El problema es que la ansiedad rara vez funciona siguiendo ese orden.
Esperar a que desaparezca por completo para volver a vivir suele producir el efecto contrario y lo que acurre es que:
- La vida queda en pausa.
- Los planes se retrasan.
- Las experiencias se reducen.
- Y la ansiedad pasa a ocupar el lugar protagonista.
Si este tema te resulta familiar, puede interesarte profundizar en uno de los mecanismos que con más frecuencia mantienen este círculo. En mi artículo: [¿Necesitas sentirte tranquilo para hacer las cosas? La trampa que puede estar alimentando tu ansiedad] te explico por qué esperar el momento perfecto para actuar puede hacer que la ansiedad gane todavía más espacio en tu vida.
Intentar controlar la ansiedad también puede convertirse en parte del problema
Cuando una sensación resulta desagradable, nuestro impulso natural es intentar eliminarla. Lo hacemos con el dolor físico, con el frío o con el hambre.
Con la ansiedad solemos actuar exactamente igual.
Intentamos relajarnos.
Controlar la respiración.
Pensar en positivo.
Distraernos.
Convencernos de que no pasa nada.
Buscar tranquilidad.
Todas estas estrategias tienen sentido. De hecho, muchas de ellas pueden proporcionar un alivio momentáneo.
Sin embargo, cuando se convierten en una necesidad constante, empiezan a enviar un mensaje muy concreto al cerebro:
"La ansiedad es tan peligrosa que necesito hacer algo inmediatamente para que desaparezca."
Y cuanto más importante parece esa amenaza, más atención le dedica nuestra mente.
Por eso muchas personas sienten que pasan el día entero intentando comprobar si ya están tranquilas, y por consecuencia lo que empezó siendo un intento de recuperar el bienestar termina convirtiéndose en una forma de mantener la ansiedad siempre presente.
Cuando la ansiedad deja de ser un momento y empieza a convertirse en una forma de vivir
Una de las características más desconcertantes de la ansiedad es que rara vez se queda donde empezó.
Quizá todo comenzó durante un viaje en coche. Después apareció también al entrar en un supermercado. Más adelante empezó a surgir en una reunión de trabajo, haciendo cola en una tienda o simplemente al salir a caminar.
Muchas personas interpretan este proceso como una señal de que su problema está empeorando de forma inevitable. Piensan que la ansiedad "se está extendiendo" o que están perdiendo el control. Sin embargo, lo que suele estar ocurriendo es algo diferente.
La ansiedad no va conquistando nuevos lugares por sí sola. Lo hace porque nuestro cerebro aprende a relacionar cada vez más situaciones con la posibilidad de sentir miedo.
- Al principio solo existía una experiencia desagradable.
- Después apareció el temor a que pudiera repetirse.
- Más tarde comenzaron las pequeñas precauciones para evitar que volviera a suceder.
- Y, poco a poco, esas precauciones terminaron convirtiéndose en una nueva manera de relacionarse con el mundo.
Sin darte cuenta, tu vida empieza a girar alrededor de la ansiedad
Hay un momento en el que muchas personas dejan de tomar decisiones por lo que desean hacer y empiezan a tomarlas por lo que creen que les permitirá sentir menos ansiedad.
Ya no eligen un restaurante porque les apetezca, lo eligen porque está cerca de la salida.
No van al cine en determinadas horas porque piensan que habrá demasiada gente.
Prefieren conducir solo por carreteras conocidas.
Evitan ascensores.
Llevan siempre una botella de agua, un ansiolítico "por si acaso", el teléfono cargado o buscan rápidamente dónde está la salida de cualquier lugar al que llegan.
Ninguna de estas conductas parece especialmente importante cuando se observa de forma aislada, pero cuando empiezan a acumularse, ocurre algo muy significativo y es que:
La ansiedad deja de ser un síntoma para convertirse en el centro desde el que se organiza la vida.
Y cuanto más espacio ocupa, más difícil parece recuperar la sensación de libertad.
El problema no es el miedo. Es perder la confianza en uno mismo.
Hay algo que pocas veces se explica cuando se habla de ansiedad.
Con el paso del tiempo, muchas personas dejan de desconfiar únicamente de determinadas situaciones y comienzan a desconfiar de ellas mismas.
Empiezando a pensar:
- ¿Y si no soy capaz de soportarlo?
- ¿Y si esta vez pierdo el control?
- ¿Y si nadie puede ayudarme?
Sin darse cuenta, la confianza deja de estar puesta en los propios recursos y empieza a depender de factores externos: de un acompañante, de un lugar conocido, de una salida cercana o incluso de llevar determinados objetos encima.
El problema es que esa confianza prestada nunca resulta suficiente, siempre aparece una nueva duda, una nueva excepción, una nueva situación que obliga a buscar otra forma de sentirse seguro.
Por eso muchas personas describen la ansiedad como una prisión invisible, no porque les impida físicamente hacer las cosas, sino porque sienten que cada decisión necesita pasar antes por el filtro del miedo.
La paradoja que mantiene el problema
Desde la Terapia Breve Estratégica entendemos que muchos problemas psicológicos no continúan únicamente por aquello que los originó, sino por las soluciones que repetimos una y otra vez intentando resolverlos.
Y esta idea resulta especialmente importante cuando hablamos de ansiedad.
Porque la mayoría de los intentos de solución nacen de una intención completamente lógica: protegerse.
- Evitar aquello que da miedo.
- Buscar tranquilidad.
- Intentar controlar el cuerpo.
- Comprobar constantemente si todo va bien.
- Pedir que alguien nos confirme que no ocurrirá nada.
Pero nada de esto surge porque la persona quiera alimentar la ansiedad, al contrario.
Lo hace porque necesita sentirse segura. Sin embargo, cuando estas estrategias se convierten en hábitos, terminan reforzando precisamente la idea que intentaban combatir: que la ansiedad es tan peligrosa que necesita ser controlada continuamente.
Y ahí aparece uno de los grandes círculos de este problema.
Cuanto más intentas controlar la ansiedad, más aprendes a vivir pendiente de ella
No porque seas débil o porque te falte fuerza de voluntad, sino porque el propio esfuerzo por evitarla hace que ocupe cada vez más espacio en tu atención.
Entonces... ¿la solución consiste en dejar de hacer todo eso?
No exactamente, y aquí es importante hacer una aclaración.
Comprender que determinados intentos de solución pueden estar manteniendo la ansiedad no significa que exista una receta sencilla que funcione igual para todo el mundo.
Cada persona llega a consulta con una historia distinta, con experiencias diferentes y con un círculo que se ha construido de una manera única.
Por eso, el objetivo no consiste en obligarte a hacer lo contrario de lo que llevas haciendo hasta ahora.
El verdadero cambio comienza cuando entiendes qué función cumplen esas conductas en tu caso y por qué, a pesar de intentar ayudarte, han terminado manteniendo el problema.
Solo entonces es posible empezar a romper ese círculo de una forma adaptada a cada persona.
¿Se puede superar la ansiedad?
Si has llegado hasta aquí, probablemente hayas reconocido parte de tu propia historia entre estas líneas.
Quizá llevas meses intentando comprender por qué la ansiedad sigue apareciendo incluso cuando tu vida parece estar tranquila. O tal vez sientes que has probado muchas estrategias para controlarla y, aunque algunas funcionan durante un rato, el problema siempre termina regresando.
La buena noticia es que la ansiedad no tiene por qué convertirse en una forma permanente de vivir.
Lo primero es comprender que no estás atrapado porque seas una persona débil, porque tengas poca fuerza de voluntad o porque exista algo "estropeado" en ti. En la mayoría de las ocasiones, lo que mantiene el problema no es una incapacidad personal, sino un círculo que se ha ido construyendo poco a poco y que termina funcionando de manera automática.
Y, del mismo modo que ese círculo se aprendió, también puede modificarse.
No se trata de convencerte de que no tengas miedo ni de obligarte a pensar en positivo. Tampoco consiste en resignarte a convivir con la ansiedad esperando que algún día desaparezca por sí sola.
El verdadero cambio comienza cuando dejas de centrar todos tus esfuerzos en luchar contra la ansiedad y empiezas a comprender qué es lo que la mantiene presente.
Porque cuando entiendes la lógica del problema, también empiezas a descubrir una forma diferente de afrontarlo.
Cómo trabajamos la ansiedad desde la Terapia Breve Estratégica
En el Centro de Terapia Breve Tamara García, entendemos que cada persona desarrolla un círculo diferente alrededor de la ansiedad.
Hay quienes viven pendientes de controlar cada sensación física.
Otros organizan toda su vida para evitar aquello que les genera miedo.
Algunas personas necesitan buscar constantemente tranquilidad en los demás.
Otras pasan horas intentando encontrar respuestas en Internet o analizando qué les ocurre.
Aunque todas ellas hablan de ansiedad, el funcionamiento del problema no siempre es el mismo.
Por eso, el tratamiento no consiste en aplicar las mismas pautas a todo el mundo, sino en comprender qué estrategias están manteniendo el problema en cada caso y diseñar una intervención adaptada a esa forma concreta de funcionamiento.
Trabajo mediante terapia psicológica 100 % online, acompañando a personas de Madrid, Barcelona, Valencia, Sevilla, Málaga, Zaragoza, Murcia, Granada y del resto de España.
La terapia online permite realizar un trabajo cercano, confidencial y eficaz, sin necesidad de desplazamientos y adaptándose con mayor facilidad al ritmo de vida de cada persona.
Preguntas frecuentes sobre la ansiedad
¿La ansiedad desaparece sola?
En algunas ocasiones puede disminuir cuando desaparece la situación estresante que la provocó. Sin embargo, cuando el problema lleva tiempo presente y la vida empieza a organizarse alrededor de la ansiedad, suele ser necesario comprender qué mecanismos la están manteniendo.
¿Es normal tener miedo a volver a sentir ansiedad?
Sí. De hecho, es una de las experiencias más frecuentes. Muchas personas dejan de temer únicamente determinadas situaciones y comienzan a tener miedo a experimentar de nuevo las propias sensaciones de ansiedad.
¿La ansiedad puede provocar síntomas físicos?
Sí. La ansiedad puede manifestarse mediante taquicardia, sensación de falta de aire, mareo, tensión muscular, molestias digestivas, sudoración, temblores o sensación de irrealidad, entre otros síntomas. Aunque resultan muy desagradables, no significan necesariamente que exista un problema físico grave.
¿Por qué siento ansiedad incluso cuando no ocurre nada?
Porque, con el tiempo, el cerebro puede aprender a mantenerse en estado de alerta aunque el peligro ya no esté presente. En esos casos, el problema deja de depender únicamente de la situación inicial y pasa a estar relacionado con el círculo que se ha ido construyendo alrededor de la ansiedad.
¿Se puede recuperar una vida normal?
Sí. Muchas personas consiguen volver a realizar actividades que habían dejado de hacer cuando comprenden qué mantiene el problema y trabajan de forma adecuada sobre ese funcionamiento.
Recuperar tu vida es mucho más que dejar de sentir ansiedad
Cuando convivimos con la ansiedad durante mucho tiempo, es fácil llegar a pensar que el objetivo consiste únicamente en dejar de sentir miedo. Sin embargo, recuperar el bienestar significa algo mucho más profundo y es poder volver a decidir sin que la ansiedad elija por ti.
Volver a disfrutar de un viaje sin estar pendiente de cada sensación, entrar en un supermercado pensando en la compra y no en la salida más cercana, conducir, quedar con amigos, hacer planes o simplemente salir de casa sin que el miedo ocupe el centro de cada decisión.
La ansiedad puede hacerte creer que tu mundo se ha ido haciendo cada vez más pequeño.
Pero esa no tiene por qué ser tu realidad para siempre.
¿Necesitas ayuda para superar la ansiedad?
Si sientes que la ansiedad está condicionando tu vida, que has dejado de hacer cosas importantes o que llevas demasiado tiempo intentando resolver el problema sin conseguirlo, pedir ayuda puede ser el primer paso para empezar a cambiar ese círculo.
Soy Tamara García, Psicóloga General Sanitaria, directora del Centro de Terapia Breve Tamara García y estaré encantada de ayudarte en este proceso, porque:
Dar el paso de pedir ayuda no significa que hayas fracasado. En muchas ocasiones, significa precisamente lo contrario: que has decidido dejar de luchar solo contra un problema que lleva demasiado tiempo ocupando un espacio que no le corresponde.
Pide tu cita a través de este enlace: https://www.ctbpsicologia.com/contacto










