Autoestima: cuando dejas de creer en ti sin darte cuenta
Autoestima: cuando dejas de creer en ti sin darte cuenta

Hay heridas que no se ven, que no dejan cicatrices en la piel, pero sí cambian la forma en la que nos miramos cada mañana.
Puede que lleves tiempo sintiendo que nunca haces suficiente. Que, por mucho que te esfuerces, siempre encuentras algo que podrías haber hecho mejor. Quizá te cueste aceptar un cumplido porque piensas que la otra persona exagera. O tal vez sientas que los demás son más capaces, más seguros o más interesantes que tú.
Con el tiempo, esas pequeñas dudas dejan de parecer excepcionales y se convierten en la manera habitual de relacionarte contigo mismo.
Lo más llamativo es que, muchas veces, ni siquiera somos conscientes de ello.
Simplemente vivimos creyendo que somos así.
Que nos falta confianza.
Que tenemos una personalidad insegura.
Que nacimos con una baja autoestima.
Pero ¿y si no fuera así?
¿Y si el problema no fuera quién eres, sino la forma en la que has aprendido a interpretarte a lo largo de los años?
Comprender esto cambia por completo la manera de entender la autoestima.
Porque la autoestima no es algo que unas personas tienen y otras no.
Es una relación.
La relación más importante que tendrás durante toda tu vida.
Y, como cualquier relación, puede fortalecerse, deteriorarse o transformarse.
¿Qué es realmente la autoestima?
Cuando buscamos el significado de autoestima solemos encontrar definiciones como "la valoración que una persona hace de sí misma" o "el conjunto de pensamientos y sentimientos sobre el propio valor".
Aunque estas definiciones son correctas, dejan fuera algo esencial.
La autoestima no solo tiene que ver con lo que pensamos de nosotros mismos.
Tiene mucho que ver con cómo nos tratamos.
Se refleja en la manera en la que reaccionamos cuando cometemos un error.
En cómo interpretamos una crítica.
En la facilidad o dificultad para poner límites.
En nuestra capacidad para pedir ayuda cuando la necesitamos.
Y también en la forma en la que celebramos nuestros propios logros.
Hay personas que consiguen grandes objetivos y siguen sintiendo que no son suficientes.
Otras, sin embargo, atraviesan momentos difíciles sin dejar de reconocer su propio valor.
La diferencia no suele estar en lo que ocurre.
Está en la forma en la que cada persona ha aprendido a mirarse.
Nadie nace pensando que no vale lo suficiente
Es frecuente escuchar frases como:
"Siempre he tenido la autoestima baja."
Sin embargo, basta con observar a un niño pequeño para descubrir algo interesante.
Cuando empieza a caminar se cae una y otra vez.
No interpreta cada caída como un fracaso.
Simplemente vuelve a levantarse.
Pregunta sin miedo.
Prueba.
Se equivoca.
Aprende.
No necesita demostrar constantemente que merece ser querido.
Entonces, ¿qué ocurre para que muchas personas lleguen a la edad adulta dudando continuamente de sí mismas?
La respuesta rara vez se encuentra en un único acontecimiento.
La autoestima suele construirse poco a poco.
A través de experiencias.
De comentarios repetidos.
De comparaciones.
De exigencias.
De mensajes que escuchamos durante años y que, sin darnos cuenta, terminamos haciendo nuestros.
Frases como:
"Podrías hacerlo mejor."
"Tu hermano sí lo consigue."
"No seas tan sensible."
"No llores por tonterías."
"Si quieres que te valoren, tienes que esforzarte más."
Ninguna de ellas, por sí sola, determina quién eres.
Pero cuando se convierten en la banda sonora de nuestra vida, pueden acabar moldeando la forma en la que nos percibimos.
La autoestima se parece más a un jardín que a un espejo
Muchas personas imaginan la autoestima como un espejo.
Creen que simplemente refleja quiénes son.
Sin embargo, me gusta utilizar otra imagen.
La autoestima se parece mucho más a un jardín.
Un jardín no florece porque un día decidamos regarlo durante horas.
Tampoco deja de existir porque una tormenta arranque algunas flores.
Crece gracias a pequeños cuidados mantenidos en el tiempo.
Y también puede deteriorarse cuando dejamos de prestarle atención.
Con nosotros ocurre algo parecido.
Nuestra autoestima no desaparece porque un proyecto salga mal.
Ni porque cometamos un error.
Empieza a debilitarse cuando convertimos cada fallo en una prueba de que no somos suficientes.
Cuando solo prestamos atención a aquello que hacemos mal.
Cuando olvidamos reconocer nuestros avances.
O cuando nos hablamos con una dureza que jamás utilizaríamos con alguien a quien queremos.
El problema es que, después de mucho tiempo haciéndolo, dejamos de percibir esa forma de tratarnos como algo extraño.
Nos acostumbramos.
Y acabamos creyendo que esa voz crítica está describiendo la realidad.
Cuando la baja autoestima se convierte en una forma de vivir
La baja autoestima no siempre hace ruido.
En muchas ocasiones pasa desapercibida porque aprendemos a convivir con ella.
Puede que revises varias veces un mensaje antes de enviarlo por miedo a equivocarte.
Que necesites pedir opinión constantemente porque desconfías de tu propio criterio.
Que rechaces oportunidades pensando que alguien las aprovechará mejor que tú.
O que aceptes situaciones que te hacen daño porque sientes que poner límites podría hacer que los demás dejaran de quererte.
Sin darte cuenta, empiezas a vivir más pendiente de no fallar que de disfrutar.
Más preocupado por cumplir las expectativas de los demás que por escuchar tus propias necesidades.
Y poco a poco dejas de preguntarte qué quieres realmente.
Empiezas a preguntarte qué esperan los demás de ti.
Ese cambio parece pequeño.
Pero tiene un enorme impacto.
Porque llega un momento en el que dejamos de vivir nuestra vida para empezar a vivir intentando demostrar constantemente que somos suficientes.
Y esa es una carga demasiado pesada para cualquier persona.
¿Por qué una baja autoestima puede mantenerse durante tantos años?
Si la autoestima se ha ido construyendo poco a poco, también es lógico pensar que no cambia de un día para otro.
Muchas personas llegan a consulta con una pregunta muy parecida.
"¿Por qué sigo sintiéndome así si sé que debería confiar más en mí?"
Y esa pregunta encierra una idea importante.
La mayoría de las personas con baja autoestima ya saben, de forma racional, que son demasiado exigentes consigo mismas. Incluso son capaces de reconocer que otras personas las valoran mucho más de lo que ellas mismas lo hacen.
Sin embargo, comprender algo no siempre es suficiente para cambiarlo.
Si así fuera, bastaría con leer un libro de autoestima para dejar de sentirse inseguro.
Pero la realidad es otra.
Seguimos reaccionando de la misma manera porque llevamos años aprendiendo una forma concreta de interpretar lo que nos ocurre.
Desde la Terapia Breve Estratégica no centramos nuestra atención únicamente en el origen del problema. También observamos qué está haciendo la persona, aquí y ahora, para intentar solucionarlo.
Y es precisamente ahí donde muchas veces encontramos la clave.
Con frecuencia, aquello que intentamos hacer para sentirnos mejor termina alimentando, sin querer, la inseguridad que queremos superar.
Las soluciones intentadas que alimentan una baja autoestima
Cuando sentimos que no somos suficientes, es normal intentar protegernos.
El problema aparece cuando esas estrategias, aunque parezcan útiles al principio, terminan reforzando el problema.
Estas son algunas de las más frecuentes.
Buscar continuamente la aprobación de los demás
Todos necesitamos sentirnos aceptados.
El reconocimiento forma parte de las relaciones humanas.
Sin embargo, cuando necesitamos que los demás nos confirmen constantemente que lo estamos haciendo bien, dejamos de confiar en nuestro propio criterio.
Preguntamos una y otra vez si hemos tomado la decisión correcta.
Esperamos que alguien nos tranquilice.
Necesitamos escuchar que hemos actuado bien.
Durante unos minutos esa aprobación calma la inseguridad.
Pero el alivio dura poco.
Y volvemos a necesitar otra confirmación.
Sin darnos cuenta, nuestra tranquilidad deja de depender de nosotros y pasa a depender de la opinión de los demás.
Intentar hacerlo todo perfecto
Muchas personas creen que, si consiguen no equivocarse nunca, por fin se sentirán suficientes.
Entonces aparecen las revisiones interminables.
La necesidad de controlar cada detalle.
El miedo constante a cometer un error.
La dificultad para delegar.
Y una autoexigencia que nunca parece tener fin.
El perfeccionismo promete seguridad.
Pero casi siempre entrega agotamiento.
Porque cuando el objetivo es no fallar jamás, cualquier pequeño error parece confirmar que no somos capaces.
Y así comienza un círculo difícil de romper.
Compararte constantemente con los demás
Vivimos rodeados de comparaciones.
En el trabajo.
En las redes sociales.
En la familia.
En nuestro grupo de amigos.
Observamos los logros de los demás, pero rara vez conocemos sus inseguridades, sus miedos o los momentos en los que también dudan de sí mismos.
Terminamos comparando nuestra vida completa con la mejor versión que otras personas muestran al mundo.
Y esa comparación nunca puede ser justa.
Siempre encontraremos a alguien que parece más preparado, más exitoso o más seguro.
Cuando convertimos esa comparación en una costumbre, dejamos de mirar nuestro propio camino.
Y comenzamos a vivir sintiendo que siempre llegamos tarde.
Evitar aquello que pone a prueba tu confianza
Otra forma muy habitual de protegernos consiste en evitar aquellas situaciones en las que podríamos sentirnos inseguros.
No expresamos nuestra opinión.
No aceptamos nuevos retos.
No iniciamos conversaciones difíciles.
No presentamos ese proyecto.
No damos el paso hacia aquello que realmente queremos.
A corto plazo sentimos alivio.
Pero, sin darnos cuenta, cada evitación envía un mensaje muy claro a nuestro cerebro.
"Si has evitado hacerlo, será porque realmente no eras capaz."
Así, la inseguridad se fortalece cada vez más.
Es el mismo mecanismo que encontramos en muchos problemas relacionados con el miedo.
Aquello que evitamos termina creciendo.
La baja autoestima rara vez aparece sola
Uno de los errores más frecuentes consiste en pensar que la baja autoestima es un problema aislado.
En realidad, suele estar relacionada con otras dificultades que terminan alimentándose entre sí.
Por ejemplo, muchas personas con baja autoestima también experimentan ansiedad.
No porque la autoestima provoque directamente un trastorno de ansiedad, sino porque vivir sintiendo que debemos hacerlo todo perfectamente genera una enorme presión.
Otras desarrollan un fuerte miedo al rechazo.
Necesitan agradar constantemente.
Les cuesta poner límites.
Evitan los conflictos por miedo a decepcionar a los demás.
También es frecuente encontrar una relación entre la baja autoestima y la dependencia emocional.
Cuando creemos que nuestro valor depende de cómo nos ven los demás, resulta mucho más difícil alejarnos de relaciones que nos hacen daño.
Porque, en el fondo, tememos que perder esa relación confirme aquello que llevamos tiempo creyendo sobre nosotros mismos.
Por eso, trabajar la autoestima no consiste únicamente en aprender a querernos más.
También implica cambiar la forma en la que nos relacionamos con los demás y con nuestras propias emociones.
Siete señales de que la baja autoestima puede estar condicionando tu vida
La baja autoestima no siempre se manifiesta de una manera evidente.
En muchas ocasiones se esconde detrás de hábitos que parecen normales.
Estas son algunas señales que pueden ayudarte a reconocerla.
- Te cuesta aceptar un cumplido y sueles restarle importancia.
- Necesitas la aprobación de otras personas para sentirte tranquilo.
- Sientes que nunca haces suficiente, aunque te esfuerces mucho.
- Te comparas con frecuencia y casi siempre sales perdiendo.
- El miedo a equivocarte hace que pospongas decisiones importantes.
- Te hablas con una dureza que nunca utilizarías con alguien a quien quieres.
- Priorizas constantemente las necesidades de los demás por encima de las tuyas.
Puede que te hayas sentido identificado con una o con varias de estas situaciones.
Y si es así, quiero que recuerdes algo importante.
Ninguna de ellas define quién eres.
Simplemente describen una manera de relacionarte contigo mismo que, con el tiempo y el acompañamiento adecuado, también puede cambiar.
¿Cómo trabajamos la autoestima desde la Terapia Breve Estratégica?
Cuando una persona decide acudir a terapia por un problema de autoestima, normalmente no lo hace porque quiera aprender una definición nueva sobre este concepto.
Llega porque está cansada.
Cansada de cuestionarse constantemente.
De sentirse insuficiente aunque los demás le digan lo contrario.
De pensar demasiado cada decisión.
De vivir pendiente de la opinión de otras personas.
Y de sentir que, haga lo que haga, nunca es bastante.
Desde la Terapia Breve Estratégica entendemos que la baja autoestima no es una etiqueta que defina a la persona, sino una forma de relacionarse consigo misma que se ha ido construyendo con el paso del tiempo.
Por eso, el objetivo de la terapia no consiste en convencerte de que eres maravilloso ni en pedirte que repitas frases positivas delante del espejo.
El cambio profundo rara vez aparece porque alguien nos diga que valemos mucho.
El verdadero cambio comienza cuando dejamos de actuar de la manera que mantiene el problema y empezamos a vivir experiencias que nos permiten descubrir una percepción diferente de nosotros mismos.
No intentamos cambiar quién eres.
Trabajamos para cambiar la forma en la que te relacionas contigo.
Y, cuando esa relación cambia, también cambia la manera en la que afrontas los retos, las relaciones y las decisiones del día a día.
Recuperar la autoestima no significa dejar de tener inseguridades
Existe una idea que genera mucha frustración.
Pensamos que una persona con una autoestima sana nunca duda, nunca se equivoca y siempre tiene confianza en sí misma.
Pero eso no es real.
Todos sentimos inseguridad en algún momento.
Todos atravesamos etapas en las que nos cuestionamos.
Todos cometemos errores.
La diferencia no está en evitar esas experiencias.
La diferencia está en cómo respondemos cuando aparecen.
Una autoestima saludable no elimina las dificultades.
Nos ayuda a no convertir cada dificultad en una prueba de que no valemos lo suficiente.
Nos permite aprender sin destruirnos.
Equivocarnos sin sentir que somos un fracaso.
Y avanzar sin necesitar hacerlo todo perfecto.
La relación que mantendrás toda la vida
A lo largo de nuestra vida conoceremos a muchas personas.
Algunas permanecerán durante años.
Otras solo estarán durante una etapa.
Pero hay una relación que nunca terminará.
La relación que mantienes contigo mismo.
Es la voz que escuchas cuando nadie más está presente.
La forma en la que te hablas después de un error.
La manera en la que interpretas tus logros.
Y el lugar desde el que tomas decisiones importantes.
Por eso merece la pena cuidarla.
No desde la exigencia de sentirte bien todos los días.
Sino desde el compromiso de tratarte con el mismo respeto, comprensión y paciencia que ofrecerías a alguien a quien quieres.
Porque la autoestima no consiste en pensar constantemente que eres extraordinario.
Consiste en dejar de vivir creyendo que nunca eres suficiente.
Preguntas frecuentes sobre la autoestima
¿La autoestima puede mejorar?
Sí. La autoestima no es una característica fija con la que nacemos. Se va construyendo a través de nuestras experiencias y también puede transformarse cuando aprendemos nuevas formas de relacionarnos con nosotros mismos.
¿Qué diferencia hay entre una mala racha y una baja autoestima?
Todos podemos sentir inseguridad en determinados momentos. La diferencia es que la baja autoestima se mantiene en el tiempo y termina afectando a diferentes áreas de la vida, como las relaciones, el trabajo, la toma de decisiones o la forma en la que interpretamos nuestros errores.
¿La baja autoestima puede relacionarse con la ansiedad?
Sí. Muchas personas con baja autoestima viven en un estado de autoexigencia constante, miedo al rechazo o necesidad de aprobación. Todo ello puede favorecer la aparición de ansiedad, estrés o dificultades en las relaciones personales.
¿Cuándo es recomendable acudir a un psicólogo?
Si sientes que la forma en la que te valoras está limitando tu bienestar, tus relaciones o tus decisiones, acudir a un profesional puede ayudarte a comprender qué mantiene ese problema y comenzar un proceso de cambio adaptado a tu situación.
Una reflexión para terminar
Vivimos en una sociedad que nos enseña a medir nuestro valor casi por todo.
Por la productividad.
Por los resultados.
Por el reconocimiento.
Por la imagen que proyectamos.
Sin apenas darnos cuenta, podemos terminar creyendo que nuestro valor cambia cada vez que acertamos o nos equivocamos.
Pero una persona no vale más por tener éxito.
Ni vale menos por cometer un error.
Tu valor no depende de un examen, de una relación, de un trabajo o de la opinión de quienes te rodean.
Lo que sí puede cambiar es la forma en la que has aprendido a mirarte.
Y cuando cambia esa mirada, empiezan a cambiar muchas otras cosas.
No porque tú seas diferente.
Sino porque comienzas a relacionarte contigo desde un lugar mucho más sano.
Si mientras leías este artículo te has sentido identificado...
Puede que hayas reconocido algunas situaciones que forman parte de tu día a día. Si es así, quiero que sepas que la baja autoestima no tiene por qué acompañarte para siempre.
Soy Tamara García, psicóloga general sanitaria, especialista en Terapia Breve Estratégica y directora del Centro de Terapia Breve Tamara García, un centro de psicología 100 % online desde el que acompaño a adultos y parejas de toda España.
Cada semana realizo sesiones con personas de ciudades como Madrid, Barcelona, Valencia, Sevilla y Extremadura, además de muchas otras localidades. Gracias a la terapia online, puedes acceder a un acompañamiento psicológico cercano, profesional y adaptado a tus necesidades, vivas donde vivas.
Si sientes que la forma en la que te relacionas contigo mismo está limitando tu bienestar, estaré encantada de acompañarte para comprender qué está manteniendo ese problema y ayudarte a construir una relación más sana contigo.
Porque la autoestima no cambia cuando empiezas a exigirte más. Empieza a transformarse cuando dejas de tratarte como si nunca fueras suficiente.










